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Adaptación escolar

Educación - Escolarización

Nunca pensé que Sandra pudiera tener dificultad para adaptarse al colegio. Aunque no ha ido a guardería y es pequeñita (de finales de noviembre), siempre se ha relacionado perfectamente con los niños de su edad en el parque, y cuando alguna vez la hemos dejado en una ludoteca, se ha quedado allí sin problemas.

Pero para eso tenemos hijos, para sorprendernos. Llegó el día de ir al cole. Yo aproveché mis vacaciones para hacer con ella la adaptación progresiva (muy muy progresiva en su cole). Y los primeros días fue bien. Pero a partir de que empezaron a ir todos los niños juntos, empezó a llorar al quedarse en el aula. Luego empezó a decir que no quería ir, y a preguntar compulsivamente porque tenía que ir y porque yo no iba con ella. Finalizó el periodo de adaptación, y comenzó la doble jornada. Doble llanto. Y lloraba lo mismo si la que la acompañaba era su tata.

A lo largo de 3 semanas el problema se hizo cada vez peor: Sandra empezó a tener pesadillas a diario, a desvelarse. Dejaba de jugar con otros niños para venir junto a mí o su tata y decir que no quería ir al cole. Se convirtió en su obsesión. Hasta el punto de que hablando del tema llegaba a llorar los fines de semana, cuando no tenia que ir. Llegó a tal extremo que le dije que no tenia que ir, que si no quería, no hacia falta, y que no iría más al cole hasta que creciera un poco. Pero tampoco quiso dejarlo (fffiiiiiuuuuu). Paralelamente, empezó a ir a una academia de ingles. Y curiosamente ahí ha ido siempre sin problemas.

Finalmente, tras este periodo de tres semanas y viendo que la cosa no mejoraba, decidí entrar en acción. Pedí cita con el orientador del centro y con su tutora. Ambos habían hablado ya del tema entre ellos.

En la reunión con ambos, sus explicaciones fueron similares:

- Que el problema era su hermano: que tenia celos de que el se quedara en casa. ¿Por que? Porque hablaba mucho de mama, de tata y de Carlitos.

- Que podía ir mejor si la dejaba en el comedor (es la única niña de su clase que no come allí)

- Que no participaba de las actividades de la clase, y que era muy terca. Que hacia algún berrinche casi a diario.

Y mis repuestas también:

- Sandra tiene celos de su hermano en una medida rigurosamente normal (quitarse juguetes y poco más), y que en este tiempo no había observado ningún cambio en este sentido que pudiera relacionar con el inicio del cole.

- Que el problema era el colegio, claramente, y que el tiempo en él se le hacía muy largo (me aburro mamá, porque es mucho tiempo)

- Que estoy dispuesta a ayudar a mi hija en su adaptación, pero que el problema lo tienen ellos en el aula, y yo solo puedo ayudar. Les expliqué que Sandra es una niña a la que el "no" sin más y las ordenes no le sirven, y que sin embargo, cualquier razonamiento mínimo haría que entrara a cualquier propuesta. Les hable de ella en casa: que juega sola muchos ratos, inventa sus propios juegos. Que participa en todo lo que se le propone. Vamos, que no parece la misma niña de la que ellos hablan.

- Que conocía bien a mi hija, y que el hecho de que todo el mundo insistiera en decir en el colegio "no llores que eso son mimos" o "no llores que ya eres muy mayor", la hacía sentir mal. Y que el hecho de no ser capaz de parar de llorar, le estaba suponiendo parte del problema, ya que creía que no llorar era una obligación. Les pedí que a la llegada al aula, en lugar de mencionarle que estaba llorando dirigieran su atención a otra cosa "qué guapa vienes hoy", "qué tal tus tortugas".

- Les pedí que me explicaran que rutinas se siguen a diario en el colegio.

Con toda esta información ese mismo fin de semana empecé a trabajar con los siguientes mensajes:

- Es normal que llores. Lo haces porque te pones triste y cuando ya no te pongas triste, dejarás de llorar.

- La profe te manda hacer las cosas de determinada manera siempre para que aprendas algo. No siempre te podrá explicar qué es. Cuando esto pase, haz lo que ella te manda y luego me preguntas en casa pro qué.

- Hemos habilitado una habitación en casa y jugamos al cole reproduciendo las rutinas que me contaron (ponemos babi, la foto en el panel, hacemos ficha, merendamos....) unas veces es ella la profe, otras yo.

- He hecho un tablero en el que le doy puntos por ir al cole (no por ir sin llorar, solo por ir).

La semana siguiente a esta campaña de fin de semana, empezó no llorando una tarde, el martes sí lloró, pero el miércoles ya no lloró nada y los demás días tampoco. Ha dejado de tener pesadillas, y ha vuelto a parecer feliz cuando juega.

La conclusión es: que nadie mejor que nosotras conoce a nuestros hijos. Seguid vuestra intuición. Y que se puede colaborar con el colegio, si los profesores muestran buena disposición para ello.